Ese baile de peces moribundos luchando por obtener lo que les mantiene vivos era su boca temblando ante la mía. Ayer. Nunca había visto temblar así unos labios, boqueando por mi dióxido de carbono. Muriéndose en mi vapor. Debo admitir que intenté convertirme en agua intentando salvarlo, pero, como siempre, en el formato equivocado: o vapor o hielo.
También me sentí la corteza de un árbol asustada ante un pájaro carpintero que se empeñaba en dejarme como una obra de arte... arrancándome la piel. Pero ni tú tienes boca de acuarela ni yo tengo piel de lienzo.
Llevamos años analizando la aerodinámica de un tiovivo y estudiando planos de aeropuertos como mapas de tesoros, sabiendo que marcaríamos el tesoro con un "travesura realizada". Demasiados calendarios prendada de tu contrariedad absoluta a mis actos de rebeldía opositores. Fluyendo en una contracorriente del Sáhara.
Traté de dispararte e hice un agujero perfecto en la pared para colgar un Mondrian, me olvidaba de que eras un fantasma del pasado.
Traté de dispararte e hice un agujero perfecto en la pared para colgar un Mondrian, me olvidaba de que eras un fantasma del pasado.

