martes, 16 de agosto de 2016

De cuando observé el calendario y me acordé del título de un libro: te odio como nunca quise a nadie.

Se fue.

Simplemente.

"Fue" puede evocar una gran forma verbal acompañada de "fugaz" "de cine" y otros atributos, pero no precedido de un "se". A no ser que sea de viaje. "Se fue de viaje" suena maravilloso. "Se fue" no.

Además se fue como un pájaro migratorio en pleno agosto, buscando nido en el hemisferio sur. Se fue como cuando se va la luz en el momento más dramático de la película. Como un apicultor antes de que sus abejas se rebelen contra la reina, incapaz de presenciar el jaque. Se fue como interpretando el papel de un van Gogh triste y cabreado, dejando La noche estrellada a medias: sin estrellas, ni noche... transformándolo en un día nublado sin más. Se marchó como la lava hacia la ciudad de Pompeya, quemando la vida y congelando el tiempo. Y es que es posible que el hielo arda si se trata de enfriar el alcohol que despierta la memoria. A veces se me ocurre mandarle un mensaje en una botella de ron. Ésas son las botellas que más mensajes tienen ahora, desde que se fue.

Se fue,
            se fue,
                         se fue...


a lo mejor si lo repito muchas veces me lo creo; o me duermo, y empiezo a soñar que es 17 de agosto de una época remota en la que vuelvo a confesar por primera vez que mi película favorita es Amélie y a buscar forma a las nubes de azúcar de las ferias.

No me veo capaz de volver a creer en los Reyes, pero sí en los Magos. En magos que utilizan bolas de cristal llenas de nieve de otros sitios. Llevaré siempre la culpa en la maleta. La culpa que carga una abuela a la que su nieto descubre ejerciendo de Ratoncito Pérez. La culpa del padre que no llega a tiempo a la obra de teatro que protagoniza su hijo. La culpa del que quiere llorar pero padece sequía de emociones. La culpa de que se haya ido y respetar la decisión de sus alas. Porque al final nadie decide con la cabeza ni con el corazón, sino con el hígado y las alas.

Así que, si tuviera el valor, te diría que te odio como nunca quise a nadie; te odio por irte, e irremediablemente te quiero por volar.




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