lunes, 12 de diciembre de 2016

19º 15' 19''

"Que el fin del mundo te pille bailando" es una frase dirigida a los peces que son capturados y bailan un vals mortal intentando sobrevivir en una atmósfera tóxica.

Ese baile de peces moribundos luchando por obtener lo que les mantiene vivos era su boca temblando ante la mía. Ayer. Nunca había visto temblar así unos labios, boqueando por mi dióxido de carbono. Muriéndose en mi vapor. Debo admitir que intenté convertirme en agua intentando salvarlo, pero, como siempre, en el formato equivocado: o vapor o hielo.

También me sentí la corteza de un árbol asustada ante un pájaro carpintero que se empeñaba en dejarme como una obra de arte... arrancándome la piel. Pero ni tú tienes boca de acuarela ni yo tengo piel de lienzo. 

Llevamos años analizando la aerodinámica de un tiovivo y estudiando planos de aeropuertos como mapas de tesoros, sabiendo que marcaríamos el tesoro con un "travesura realizada". Demasiados calendarios prendada de tu contrariedad absoluta a mis actos de rebeldía opositores. Fluyendo en una contracorriente del Sáhara.

Traté de dispararte e hice un agujero perfecto en la pared para colgar un Mondrian, me olvidaba de que eras un fantasma del pasado.  



jueves, 24 de noviembre de 2016

Mensaje al diseñador de la estatua de la libertad de Nueva York.

No es coherente construir una estatua de la libertad. Como si la libertad fuera algo estático y de material fabricable y tangible. Como si la libertad constituyese una parada del viaje, algo fotografiable, y no el camino en sí mismo. Un momento concreto de puro éxtasis instantáneo que inmortalizar, y no el elemento que nos hace infinitamente inmortales.

Se me ocurre otro tipo de monumento, no sé; tal vez una noria. Pero de repente me castigo por este pensamiento. La libertad no es algo rotativo o rutinario, me digo. Además, si la libertad fuese una noria sería colonizada: alguien pagaría por congelar el engranaje y mantenerse siempre en el punto más alto y con acceso a las mejores vistas, mientras que los de abajo tendrían que resignarse. Y así es como nosotros organizamos el mundo, no como es la libertad. La libertad no es un capital ni es algo a lo que fijar un porcentaje de impuestos.

Sin embargo, lo cierto es que solo puedo hablar de la libertad a la inversa.

Podría intentarlo...

Decir que

La libertad es sentir de repente un conjunto de incendios provocados, y comprender que todas y cada una de las anteriores bocanadas de aire habían sido tristes simulacros protocolarios de colegio. Que es como tener un corazón colmena y en la cabeza un niño infantil que juega con la rama de un árbol a revolucionar el avispero. Notar un campo de minas a cada paso, y bailar claqué. Atraer rayos de tormentas. Ser vaho adherido a un cristal después del sexo, contaminado, y morir en forma de gota (libre!) para luego emprender una travesía hacia las nubes. Exprimir y disfrutar la imaginación que ofrece una habitación a oscuras, o la soledad. Sumergirse sin dudarlo, descubrir qué esconde un iceberg. Chocar, ser Titanic. ¿Por qué no? Ser cometa o el poeta Halley de Love of Lesbian. Convertirse en el último meteorito que acabó con los dinosaurios, final de guerra y principio de paz mortífera.

En fin, podría intentarlo...


Pero no.  

Love of lesbian-El poeta Halley

martes, 16 de agosto de 2016

De cuando observé el calendario y me acordé del título de un libro: te odio como nunca quise a nadie.

Se fue.

Simplemente.

"Fue" puede evocar una gran forma verbal acompañada de "fugaz" "de cine" y otros atributos, pero no precedido de un "se". A no ser que sea de viaje. "Se fue de viaje" suena maravilloso. "Se fue" no.

Además se fue como un pájaro migratorio en pleno agosto, buscando nido en el hemisferio sur. Se fue como cuando se va la luz en el momento más dramático de la película. Como un apicultor antes de que sus abejas se rebelen contra la reina, incapaz de presenciar el jaque. Se fue como interpretando el papel de un van Gogh triste y cabreado, dejando La noche estrellada a medias: sin estrellas, ni noche... transformándolo en un día nublado sin más. Se marchó como la lava hacia la ciudad de Pompeya, quemando la vida y congelando el tiempo. Y es que es posible que el hielo arda si se trata de enfriar el alcohol que despierta la memoria. A veces se me ocurre mandarle un mensaje en una botella de ron. Ésas son las botellas que más mensajes tienen ahora, desde que se fue.

Se fue,
            se fue,
                         se fue...


a lo mejor si lo repito muchas veces me lo creo; o me duermo, y empiezo a soñar que es 17 de agosto de una época remota en la que vuelvo a confesar por primera vez que mi película favorita es Amélie y a buscar forma a las nubes de azúcar de las ferias.

No me veo capaz de volver a creer en los Reyes, pero sí en los Magos. En magos que utilizan bolas de cristal llenas de nieve de otros sitios. Llevaré siempre la culpa en la maleta. La culpa que carga una abuela a la que su nieto descubre ejerciendo de Ratoncito Pérez. La culpa del padre que no llega a tiempo a la obra de teatro que protagoniza su hijo. La culpa del que quiere llorar pero padece sequía de emociones. La culpa de que se haya ido y respetar la decisión de sus alas. Porque al final nadie decide con la cabeza ni con el corazón, sino con el hígado y las alas.

Así que, si tuviera el valor, te diría que te odio como nunca quise a nadie; te odio por irte, e irremediablemente te quiero por volar.




viernes, 3 de junio de 2016

C r i s á l i d a

Es ridículo
sentir que esta cárcel es una crisálida que esconde un proyecto de futuro perfecto y unas alas que desplegarán,
pensar que dos mariposas pueden compartir crisálida
y llamarle amor
y no proceso biológico de la naturaleza 
o error genético

Es el síndrome de Estocolmo en versión novelística y dulcificada;
todo el que ama es rehén
y captor.
Cada vez que cojo un tren
me pregunto cuál soy yo
y cuál es peor...

Víctimas y verdugos de la felicidad
y llamarle amor
y no desequilibrio emocional

De algo hay que morir,
Afirman los que
Fuman

que el pretexto sea el amor. 




sábado, 5 de marzo de 2016

Jueves

Le gustaba que él se acordara de ella estando borracho. Diría que hasta la ponía cachonda. En fin, si te acuerdas de alguien estando borracho solo puede significar que le quieres o que quieres follártelo. De esas dos opciones su cabeza escogía la segunda, supongo que porque le parecía menos grave desear a alguien físicamente que el hecho de quererle. En cualquier caso, era algo prohibido y eso la excitaba. Le gustaba sentirse deseada a las 3 de la mañana y resultaba tremendamente tóxico. Más que nada porque sentirse deseado acaba derivando en desear. Mordaz, indudablemente corrosivo. 
Terminó por soñar con esos mensajes clandestinos de madrugada el fin de semana. Empezó a tener ansias de trucar el calendario para que todos los días fueran viernes de fiesta. 
Mortífero, terriblemente letal.
Terminó por quererle en su cama. De qué forma, enamorado o cachondo, nadie lo supo. Lo que sí tenía claro es que borracho no.

domingo, 28 de febrero de 2016

A ti, a mí; al fantasma circense del pasado, presente y futuro incierto.

Recuerdo la sensación al ver un cartel de circo en la ciudad cuando era niña. Era magnífico, sublime, apoteósico, era un "por favor por favor mamá" automático en mi cabeza y posteriormente hacia sus oídos. Por supuesto, ella decía siempre que no. (¡Gracias!)

Entonces, yo creía que los circos venían de un sitio diferente; como de otro planeta habitado también por Peter Pan, las palomitas y todos esos ingredientes fascinantes de la infancia. 
No sé cuántos carteles circenses empapelaron muros y puentes ni cuántas veces llovió o tuvieron que pegar encima otros, publicitarios o ideológicos, para que se borraran sus restos. Tampoco sé cuántas decepciones tuve que sentir para crecer y comprender que, en ocasiones, en lugar de magia y risa los circos son sinónimo de miseria y animales encerrados en jaulas. 

No he venido a hablar de tigres encerrados en jaulas milimétricas. Hablo del cambio de expectativas, de sueños y concepción de realidad. 

Creo que tú eras ese circo, y que donde yo creí poder sentir magia como una niña, en realidad jugaba el papel de tigre oprimido al oír los aplausos, hipnotizado por un momento, como sin recordar que puede impresionar solo con un rugido, que no necesita atravesar aros de plástico ni dar la patita. Que no necesita domesticarse. Como sin recordar que dormirá en una jaula. 

Tal vez sí he venido a hablar de tigres encerrados en jaulas milimétricas... o de personas que se sienten vacías acompañadas en camas de 90 centímetros, que es lo mismo.

 


lunes, 18 de enero de 2016

El perro que quería ser gato, en otras palabras: yo.

Noto abejas en la memoria, me pican los recuerdos.
Pero sarna con gusto no pica, ¿no?
yo, definitivamente, soy un perro sarnoso
de estos que portan golpes en la mirada,
que huelen a abandono en gasolinera
y tienen corazón de trompeta de Louis Armstrong.
 
 
Un perro de los que envidia en secreto a los gatos callejeros,
libres como el jazz,
pero no tristes como el jazz.
Capaces de salvarse la vida en cualquier bolsa de basura
porque les basta con cuatro espinas de pescado
y no sufren la decepción de las espinas de rosa,
del amor de segunda mano.
 
 
Un perro que desea odiar el agua -como los gatos- por lo que moja
y no por lo que hace pensar en formato lluvia
Perro débil que necesita de un vagabundo con acordeón
que se apiade de él,
para compartir mundo, o al menos calle, o al menos música
para hacer del primero un lugar menos difícil y solo.