Todo el que ama se vuelve un gato.
Hacen falta al menos 7 vidas para atreverse a enamorarse.
La Torre Eiffel, las fotografías, las canciones compartidas y las que llegan por casualidad, la inspiración que supones para mi poesía que nunca rima y que me susurres eso de que el Lunes cuesta y el Martes imposible sin tu voz.
Todo eso son efectos secundarios.
Efectos especiales.
De ciencia ficción.
Porque el reto es querer de película
y que la felicidad dure más que dos horas los domigos en el sofá.
Izal-Magia y efectos especiales
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