Creo que él fue la única persona que descubrió dónde estaban mis costuras con exactitud, porque ninguno de los que me había colgado antes había conseguido dejarme tan seca. Sí, supo exactamente cómo dejarme colgada. Completamente loca. Hacer que se evaporara toda la humedad que me calaba hasta los huesos y absorber mi ser.
En fin, el problema fue justo ese: que al final se tomó mi existencia y el hecho de pasar por su vida como quien tiende unas bragas en un tendal a secar; eso sí, con una táctica genial.
Y se llevó la cuerda.
Y se dejó la pinza.
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