sábado, 22 de noviembre de 2014

La octava maravilla jamás declarada.

Construiremos recuerdos a base de proyectos 

no llevados a cabo de algo que saldría bien. 

Saldría bien. 

Destruiremos la posible felicidad igual que a un viejo monumento que ya nadie fotografía, olvidado. 
 La octava maravilla jamás declarada. Porque... ¿Quién hace declaraciones? Es ridículo ser un Romeo y motivo de alabanza ser un torero.
 Nos convertiremos en un bar de carretera. 
De alguna carretera intransitada con miles de direcciones, a la cual le falta un único sentido: el del ridículo.
 En un frustrado rascacielos obligado a conformarse con las nubes y a recibir de lleno la lluvia.
 En un libro único, escrito en un idioma que nadie comprende.
 Nos transformaremos en un museo de arte contemporánea que deseó ser creada en otra época.
 Una orquesta para ciegos. Quizá la paradoja sería decir para sordos; es que no es que no escuchen la música, simplemente no ven que les habla. 
 [...]
 Y así seremos mil y una cosas más,
 reales y ficticias.

Pero no, no "seremos".

Seré.

Y serás.



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