lunes, 10 de noviembre de 2014

El hilo por el que pendemos, la cuerda de una libre cometa.

Si tengo que numerar mis poesías...
Primero el número de tu calle
luego el de tu piso
y finalmente contaré los días,
contaré tus lunares,
contaré cada noche que el miedo me arrastre.
Permíteme el aviso:
me convertiré en sastre
de nidos de pájaros vacíos.

Nidos vacíos
porque sus pájaros no quieren regresar...
¡Estarán siempre de viaje!
conjugando algún otro verbo que volar,
conjugando verbos imposibles
que no se han inventado para amar.
Averiguando dónde se hallan los límites
que nunca los detendrán.

Las reglas están hechas con el mismo principio que el corazón
-o lo que quiera que sea con lo que amemos-:
para romperse
por una razón,
por lo que creemos
Dejarse llevar
lleva a dejarse...
La piel.

Y cuando de un hilo empecemos a pender
sacaré fuerzas para tejer
o colgar nuestras fotos de él:
una secuencia imcompleta.
Y veremos ligeros los sueños rotos,
la cuerda de una cometa
indomable
y serán por fin los miedos de otros.






Porque el cielo no es el límite, es la meta.






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