Te tiene entre sus labios y le gusta. Entre sus dedos, juega contigo. Y tú con él. Respira de ti, de tus besos que lo contaminan, pero eres adictiva y no le importa. "Eres su marca exacta de cigarrillos". Él fumaba Chesterfield, ahora te fuma a ti. Pero es distinto, te inhala y se consume él. En cada calada se consume, algo falla. Eres tú la droga, el pitillo que debería naufragar en una acera... Pero no mueres, no cambias, y le matas. Una trampa. Cada vez que se despide de ti en el portal no yaces en el suelo. Él también hace trampas, se gira antes de entrar para ver cómo te alejas, mientras exhala el humo que se mezcla con el vaho de tu boca, que partió de ella para ser su nombre y terminó siendo aire frío de Otoño. Arroja su cigarrillo para pisarlo mientras tú pisas las hojas secas. Y al final desaparecen el pitillo y las hojas, y en el suelo solo queda una despedida sin un acuerdo de volver a veros.
Pero es que ellos no pueden quedar para volver a verse. Porque cuando se vean, cuando se atrevan a mirar de verdad lo que esconden... Se verán para quedarse. Cambiarán la frase y su vida.
Pasarán del "quedar para vernos", al "vernos para quedarnos".
Russian Red-Cigarettes
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