Y apareces con tus manos, que buscan surcar los ríos de las palmas de las mías, pequeñas y huidizas. Huyen de las tuyas porque lo que verdaderamente quieren es engancharse a los vértices de tu cuello y perder el vértigo. O dejar que aumente al colgarse de tus miedos e inseguridades, anclados a tu espalda... Que tiene por delante el pecho, que a su vez esconde un corazón roto o a punto de romperse...
Cuento tres.
1,2,3...
Siento tanto que agudizas mi sexto sentido.
De nuevo.
1,2,3...
Y se activa mi sexto latido, que es el primero de la parada cardíaca temporal que provoca tu mirada, hecha con la misma materia que los fuegos artificiales y ya no sé si concentrar mis instintos en jugar al juego de siempre o en quererte como nunca.
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